La vida de una galería

Los talleres o espacios para hacer obras de arte casi nunca son concebidos para
responder a las necesidades creativas específicas de un artista.

Una excepción a ello está en La Tallera, un lugar que David Alfaro Siqueiros diseñó y calculó a la medida de su trabajo: los ejes del edificio, la luz, las poleas y las bodegas para facilitar la movilidad de los murales fueron determinantes para que el muralista mexicano produjera la obra de los últimos nueve años de su vida, por ejemplo los paneles del Polyforum que lleva su nombre en la ciudad de México.

Y como eso, como un lugar de trabajo, de creación, cambiante, vivo, de obra proceso y no sólo de exhibición de piezas terminadas, La Tallera recobra vida: será también espacio para residencias artísticas para críticos, museógrafos, artistas, así como para talleres que involucran más a toda la comunidad.

Ayer fue reinaugurado el lugar en un evento encabezado por el presidente Felipe Calderón. La propuesta original de rescate de La Tallera, la arquitectura desarrollada por Frida Escobedo, la museografía que propusieron Isaac Broid y Marco Barrera, las muestras que ya abrieron al público, La Tallera. Una fábrica en movimiento y Quién era Siqueiros. 1896-1932, destacan esa característica de La Tallera, la de ser un espacio para hacer arte.

Concluida en su arquitectura al 100%, en los siguientes tres meses se habilitarán por completo la librería, la cafetería, la biblioteca y el centro de documentación -a donde regresará todo el archivo de Siqueiros, salvo las fotografías, porque el clima de Cuernavaca no es favorable para éstas-. Así lo informaron la directora de Bellas Artes, Teresa Vicencio, y Taiyana Pimentel, directora de los espacios SAPS y La Tallera, recintos que David Alfaro Siqueiros donó al público de México.

Ambas funcionarias expresaron su confianza en que, a pesar de los cambios de gobierno, se dé continuidad a la reactivación del espacio como un centro cultural y educativo.

Además de estudios, bocetos, murales y obra en caballete, en La Tallera Siqueiros ideó con sistemas de poleas y bodegas inferiores formas alternativas para el manejo de los grandes paneles de sus pinturas que le ahorraban el uso de andamios; este recurso provenía del auge de una industria automotriz de entonces.

En La Tallera, el artista consolidó un trabajo de la mano del empresario Manuel Suárez; ideó allí una sala poliangular que en el rescate que ahora se ha llevado a cabo deja ver, precisamente, esa noción de proceso, de obra inconclusa, de estudio.

Sobre la remodelación

La remodelación del espacio, que tomó dos años y medio y representó una inversión de cerca de 50 millones de pesos, se concentró en dos ideas, de acuerdo con Frida Escobedo: “Abrir el patio de los murales hacia la plaza para que de esa manera cobraran su carácter de obra plástica pública y, la segunda, usar materiales que tuvieran una economía de medios, que se integraran con el espacio del taller. Todo se recubre con una celosía” (alusiva a diseños de los años 50 y 60).

El arquitecto Isaac Broid, uno de los jurados que eligieron la propuesta realizada por Frida Escobedo, destaca que “Frida hizo girar los murales exteriores, los integró a la plaza, así como era deseo de los artistas de izquierda: integrar la plaza de espacio privado como un espacio público a la ciudad”.

La obra de rehabilitación recuperó como sala de exposiciones la sala donde se pintaban los murales; se hicieron dos bodegas nuevas -de transición y permanente-, dos talleres nuevos, una sala de lectura, un centro de documentación, una librería, una cafetería.

La parte de atrás se convirtió en área de oficinas, y de seguridad.

Como espacio para residencias artísticas -que iniciarán en enero- se habilitó la que fuera la casa del artista, un sitio donde, recordó ayer el nieto del artista, David Constantino Siqueiros, llegaron a ir desde Sofía Loren y Salvador Dalí, hasta Adolfo López Mateos, mismo que había hecho encarcelar a Siqueiros.

Taiyana Pimentel recordó que Siqueiros estudió arquitectura y que “lo poco que hizo de arquitectura está en este lugar, que resume la idea de un artista que trabajaba, cada instante, cada día. No había mucho para preservarse en La Tallera, el espacio había sufrido mucho, pero ese concepto del trabajo se tenía que conservar. No conozco un estudio del mundo que tenga este concepto de La Tallera, y en eso vamos a basar las exposiciones en artistas que realmente estén interesados en desarrollar no una exhibición sino un proceso de trabajo”.

Aunque la inversión inicial sería de 5 millones de pesos, un análisis mostró que había grandes necesidades.

La obra pública tuvo un costo de 28 millones 400 mil pesos (compartido 50 y 50 entre los gobiernos estatal y federal, a través de Secretaría de Turismo y Bellas Artes); la restauración de la obra de murales que se desmontaron y llevaron al Cencropam fue de 15 millones de pesos; mientras que la habilitación, mobiliario, rehabilitación de oficinas y exhibiciones costaron 4.5 millones.

Se espera ejecutar otros 5 millones este año para dejar en completo funcionamiento La Tallera.

¡Agradezco a El Universal por el artículo!

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